La gran librería virtual de Google, Google Print, ha comenzado a funcionar formalmente entre las protestas cada vez más incomprensibles de editores y autores, atenazados por un apego a los derechos de autor que sobrepasa toda lógica. Son como los ratoncitos ciegos, condenados a no ver y a no dejar ver frente a la enorme luz que puede poner internet en el mundo de la edición. Google escaneará libros y gracias a su enorme poder de búsqueda permitirá que los usuarios encuentren los títulos y materias que buscan y otros relacionados con ellos. ¿No fue gracias a la cita y a la glosa como se ha fundado y desarrollado la cultura occidental? El gran problema de la edición en el mundo es cambiar de paradigma y pasar de la sobreproducción a la edición de calidad, como dijo ayer Txetxu Barandiarán (presentación en pdf) en el simposio sobre el libro y las nuevas tecnologías que están celebrando en Santiago los editores gallegos (más información en Brétemas). Google Print, como el ya clásico buscador de Amazon, permite encontrar libros, citas, materias. En definitiva, facilita al lector la búsqueda de lo que le interesa y hace posible descubrir más títulos y referencias de las ya conocidas. Lo más probable es que el lector consulte o lea otros autores y fuentes en lugar de restringirse a lo que tenía al alcance de su mano o ya guardaba en su memoria. El Gran Buscador anuncia que quieren poner la "enorme fuente de conocimiento" de las bibliotecas a disposición de todos en internet, la mayor herramienta de difusión del conocimiento que haya existido jamás. Google comienza su plan con libros que pertenecen al dominio público (libres de derechos de autor) y pretende seguir digitalizando libros gracias a los acuerdos con autores y editores. En España ya ha firmado acuerdos con grandes editoriales como Planeta y Anaya, además de con distribuidores como la Casa del Libro o El Corte Inglés. Yahoo ha anunciado que también digitalizará libros y la Comisión Europea ha convocado a gobiernos, editores, autores e instituciones mejorar las librerías digitales europeas y preservar la herencia cultural. ¿Cuál es el problema? Los editores y autores exigen que se paguen derechos de autor por la digitalización de sus obras y por las consultas. La respuesta de Amazon y Google: imitar a Apple y su tienda de música on line iTunes y vender fragmentos en lugar de obras. El lector podrá comprar una página, un capítulo u otras partes de un libro. Quizá entonces acabe la rentabilidad de las fotocopias y el sempiterno conflicto sobre los derechos de reproducción. Frente a la obra completa, la parte. La gran sinécdoque final del libro. El pensamiento y el conocimiento fragmentario por encima de la obra. ¿Será esta la salvación de la edición? No lo creo. Quizá haga falta un poco de sentido común. Los fragmentos son importantes, útiles y valiosos, sobre todo para la consulta. Tienen un enorme uso académico, pero la narrativa y el sentido se pierden a menudo en las grietas entre trozos. Con tanto defender la autoría en tiempos en los que la atención del público es cada vez más difícil de lograr corremos el riesgo de perdernos en ese mundo lleno de agujeros anunciado por Julio Cortázar. Un mundo que, como el mundo de los libros, parece "un colador colándose a sí mismo". |