Varios especialistas han escrutado para la revista Foreign Policy las claves del futuro e identifican especies en extinción. Tres son resultados casi directos de nuestra vida digital: la erosión del sistema de partidos políticos, la rebelión contra las amenazas sobre la cultura y la civilización por el exceso de propiedad y la vuelta hacia fuera del yo impulsada por la tecnología y las conductas de la sociedad de la información. El origen de los tres fenómenos está en el mismo punto: la aparición de los superusuarios, ciberciudadanos consumidores intensivos de información multimedia y expertos en el uso de los medios y herramientas sociales capaces de comunicarse, actuar y liderar a comunidades virtuales para crear estados de opinión y promover la movilización social. El yo digital rompe las barreras entre lo privado y lo público gracias a la potencia de difusión de lo propio y a la capacidad de intervención en la conversación y la vida pública que permiten los nuevos medios digitales, las comunidades virtuales, las multitudes inteligentes, etc. Las personas se echan a la red para comentar, informar, discutir, exhibirse, difundir sus ideas y formas de vida, y para ello enseñan su privacidad como nunca para que los otros confíen en ellos. Y para eso es necesario ser transparente, mostrarse tal como se es o, al menos, construir una identidad digital creíble.
Los ciudadanos se lanzan al foro público hartos de no ser escuchados y atendidos por los partidos. Reclaman el consenso dialéctico esencial de la comunidad política original y rechazan las asociaciones tradicionales. Las causas, las ideas comunes, las identidades culturales o étnicas sustituyen a las clases, a las ideologías compactas. Expresión directa y concreta, sobre cada problema. Agendas políticas flexibles para una sociedad heterodoxa y plural.
El dominio público vivía encogido. Esa zona de todos, alejada de las demandas de propiedad, estaba completamente achicada. La historia mercantil de los dos últimos siglos es la de la ampliación de los derechos de propiedad. De los plazos de la vida de un autor a las patentes extendidas a los herederos más lejanos. Por otro lado, las tecnologías digitales han multiplicado el efecto de la piratería, la reacción pone en peligro el progreso intelectual, tanto que la lucha por el dominio público y el desarrollo de nuevas licencias con sólo algunos derechos reservados son una de las causas más populares del ciberespacio.
Y para enrolarse en estas causas, los ciudadanos multiplican su voz y su presencia dejando entrever su vida privada, su identidad. En la Red se dejan rastros digitales que hacen más fáciles para la mayoría aparecer con su propio nombre y condición que hacerlos desaparecer. Y una vez ante los demás, muchos se han dado cuenta del poder de la voz, de la demanda de confianza y transparencia. Sólo reconociendo a los demás reconocen a uno. Lo que se preveía el reino del anonimato y los nicks, los apodos de los chats y los foros, se desecha para ser uno mismo. Los superempowered individuals o los consumidores evangelistas son los nuevos tipos de ciudadanos que pueblan internet y comienzan a convertirse en líderes de otros, por su inmediatez, su frescura, su transparencia y su voz, propia y alejada de estereotipos. |