
Seis años lleva esperando Russell Coutts para poder subirse a bordo de un barco de la clase Copa América. La última vez que lo hizo, la ganó. Fue en 2003 como patrón del «Alinghi», y además, vapuleando en casa a su alumno, Dean Barker, que recogió su testigo en la caña del «New Zealand».
Antes, en 2000, Ernesto Bertarelli le fichó junto a un grupo de neozelandeses a golpe de talonario en un conocido hotel de Nueva York. Entre esos «kiwis», en los que Coutts puso su confianza, estaba Brad Butterworth, al que puso con ese gesto en el mapa deportivo mundial. Para afrontar la Copa América de 2007, Coutts le puso una serie de condiciones a Bertarelli, que éste no aceptó. Coutts, que hasta el momento era un incondicional del «Alinghi», comenzó a pasearse por los pantalanes de los circuitos mundiales con camisetas de otros equipos. Era su tiempo libre y podía vestirse como le diera la gana. El enfado del suizo fue tal, que le rescindió el contrato pagándole hasta el último dólar siempre que el neozelandés firmara un contrato en el que se comprometía a no participar con ningún otro equipo, ni tan siquiera aparecer por la sede donde se celebrara la Copa América en los siguientes cuatro años. Coutts, caballero de la vela, cumplió. Su «amigo» del alma, Brad Butterworth, aprovechó la salida por la puerta falsa de Coutts para hacerse dueño y señor del «Alinghi».
Butterworth, Orden del Imperio Británico y ganador de 4 Copas América (tres de ellas a las órdenes de Coutts) traicionó con ese gesto a su mentor. Incluso se permitió el lujo de arremeter contra Coutts en algunas declaraciones a la Prensa suiza. Butterworth, alias el «Mantequilla», debió haberse marchado por la misma puerta que Coutts, pero prefirió el dólar «suizo». Ganó, como patrón del «Alinghi» la Copa América de 2007 en Valencia, pero no hizo nada más que aparecer Coutts como patrón del «BMW Oracle» para que «mantequilla» comenzara a perder batallas. De las catorce demandas presentadas en la Corte de Nueva York, sólo ha ganado una y ahora se las verá en el agua, a bordo de los multicascos, con Russell. Tiembla «Mantequilla», que como dice un refrán muy español, que te lo pongo en «guiri» para que lo entiendas: «To every pig arrives its San Martin» (A todo cerdo le llega su San Martín).
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