Por supuesto, echo en falta a Angela Channing. Y a Melissa Agreti (ambas de Falcon Crest). Y también a la Constance (Morgan Fairchild) de Flamingo Road. Y a Sable Colby, de Los Colby. Estas dos últimas eran más bitches porque sus maridos salían con chicas buenas. Mark Harmon con Christina Raines y Charlton Heston con Katherine Ross (esto es un recordatorio para todos los que creen que los grandes actores sólo hacen televisión ahora). Incluiría asimismo a la Wilhelmina Slater de Ugly Betty y a la Blair de Gossip Girl. Incluso, aunque no la hayamos visto nunca, a la Maris de Frasier. Pienso en la televisión española y me cuesta trabajo encontrar especímenes que vayan más allá de la mera malafollá (supongo que uno de los índices de salud de una industria televisiva es la cantidad de zorras con clase que haya en sus repartos). En mi lista española no tengo dudas con Carmen Orozco (Concha Velasco, Herederos) pero tengo que pensar más.
Un juego. Por veinticinco pesetas (de agujero), cosas que han pasado antes en una serie de televisión que en la vida real, por ejemplo, la construcción de un narcotúnel entre México y Estados Unidos (visto antes en la cuarta temporada de Weeds que en los periódicos). ¡Y en la misma localización! Un, dos, tres, ectétera.
José Luis López Vázquez. Nombre corriente, actor extraordinario y, sobre todo, alguien como de la familia. Y como no me voy repetir, reproduzco a continuación lo que ya he escrito para Vocento (porque para tratar el tema Jesulín y el porqué de ese reportaje en Antena 3 en la casa del taxidermista de Ubrique no tengo palabras):
¡Mo-nu-men-to!
José Luis López Vázquez no era sólo el padrino búfalo de La gran familia, era el tío de todos. Groucho, Keaton y el españolito medio con bigotillo que se convirtió en querida señorita y que un día nos quitó de la cabeza lo de meternos en una cabina, no fuéramos a acabar en un almacén rodeados de esqueletos en otras contiguas. Y sin cobertura. La cabina (1972), televisión de calidad, tuvo múltiples interpretaciones. La gente se puso a fumar en pipa y a decir que si era una parábola de la incomunicación, que si la cabina era una cárcel, que si era la mayor crítica que se había hecho al régimen desde dentro (L'Humanité)... Luego sabríamos que la dirección era de Antonio Mercero, el guión de Mercero y Garci y que Adolfo Suárez había dado el visto bueno. Pero 'La Cabina' era López Vázquez convirtiendo 35 minutos de surrealismo en uno de nuestros terrores favoritos.
Enorme actor de cine, López Vázquez tiene una carrera televisiva que no sólo comprende las apariciones estelares en Cuéntame, Hospital Central o Los Serrano. Fue el gran Escabeche en Los ladrones van a la oficina, bar y serie que compartió con otros grandes como Fernán Gómez, Manuel Aleixandre o Agustín González. 138 capítulos dirigidos por Tito Fernández (No desearás al vecino del quinto) con los que Antena 3 adaptó el sainete y la novela picaresca a los 90. Pero antes (y después de La Cabina) lo disfrutaríamos en Este señor de negro (1975), comedia costumbrista también dirigida por Mercero y con guiones de Antonio Mingote. Trece capítulos en los que se ridiculizaba a los que no evolucionaban al ritmo de la sociedad española. José Luis López Vázquez era Don Sixto Zabaleta, el facha. Pero como seguía siendo el de La Cabina, en alguna escena se lo veía llamando desde una, sujetando la puerta con el pie (años más tarde en un anuncio de Retevisión la puerta se abría y él salía; aquí la parábola era la liberalización del mercado de la telefonía).
En Este señor de negro había una coletilla. Cada vez que pasaba Florinda Chico, él la piropeaba con un «¡Mo-nu-men-to!» Hoy se lo dedicamos a él.
La gran audiencia del 21 días del viernes (Viviendo con el lujo) está hermanada con otra gran audiencia que hizo en su día el Comando Actualidad dedicado, igualmente, al lujo (cuando se repuso, volvió a triunfar). En tiempos de crisis, cómo nos gusta un teléfono blanco.
Dos cosas han tenido en común ambos espacios: el aire cateto explotado por los reporteros (y voy a pensar que estaban exagerando porque no se puede ser tan paleto) y Carmen Lomana, la única presencia divertida en los dos muestrarios de riqueza. Aunque últimamente está sufriendo una sobreexplotación televisiva (Comando..., Sálvame DeLuxe, Ratones Coloraos, 21 días...) y debería cortarse, también es verdad que da muy bien en cámara. Aunque en privado es mucho más bitch y graciosa.
Viendo a Joan Collins enJoan Does Glamour, su nuevo programa en la ITV (bitch, bitch, bitch), pienso que Lomana o su némesis Naty Abascal podrían hacer algo parecido en España (vamos, yo me conformaba con una grabación pirata del Cómo se hizo uno de sus reportajes en ¡Hola!). O Lomana y Josie, a los que el otro día me encontré en El Corte Inglés (Josie me dijo que vuelve a Buenafuente en enero, pero los dos juntos serían la bomba). Nos íbamos a tronchar con una adaptación. Porque lo de la Collins es hilarante (a una de las señoras le dice que parece que va vestida para suicidarse). Es un makeover show (como me pille la Fundación del Español Urgente me corta los dedos) con una Joan Collins divertida, impertinente (sobre todo cuando va al supermercado), muy bitch y al rescate de la mujer británica echada a perder (y no como ella).
Más que un No te lo pongas es como si se hubiera metido en Little Britain para vestir a Vicky Pollard y sus conocidas (lo gracioso es que la voz del narrador suena igual que la del programa de Matt Lucas). De verdad, una cosa así con Nati Abascal (o Lomana y Josie) sería lo más. A Nati habría que subtitularla, claro (pero a Susan Boyle, por escocesa, también la subtitularon en Oprah).
Me gusta la tele. ¿Es grave, doctor? Bitácora de filias, fobias, entusiasmos, decepciones o cualquier otra cosa vista en la pantalla o leída por ahí. Y tengan cuidado ahí afuera.